En el corazón de la universidad más antigua del Perú, Quimi Café se ha convertido en el punto de encuentro de estudiantes y profesores. Juan Rojas, un ingeniero industrial convertido en dueño de esta cafetería, ha logrado crear un espacio donde la pasión por el café se combina con la excelencia en el servicio.
Juan Rojas nunca imaginó que sería el propietario de una cafetería situada justo enfrente del comedor de la universidad pública más prestigiosa del Perú. Mucho menos podía prever que su local se convertiría en la opción preferida para satisfacer el hambre y el antojo de los estudiantes. Es el Starbucks sanmarquino. Todos los días acoge a los que no alcanzan su ticket, a docentes cansados, y a cualquier persona que desee algo dulce.
Es el punto de partida perfecto para iniciar una charla, ganar confianza y tomar fotos. «Estar aquí es como estar en una cafetería de una universidad privada», comenta una estudiante con una sonrisa tímida, mientras toma su cuchara para probar su panqueque con su nombre, un postre que se incorporó al menú hace apenas un mes.
Desde su apertura en mayo de este año, Quimi Café no ha parado de experimentar un crecimiento constante. Cada semana, se esfuerza por cautivar a sus clientes con un producto nuevo, con la firme intención de dejar una huella imborrable. Se encuentra estratégicamente junto a la facultad de química, es por ello que ha adoptado su nombre de manera ingeniosa: “Ca” de Calcio y “Fe” de Hierro. CaFe.
Ahora, Juan Rojas luce un polo de rayas horizontales de colores azules y blancos. Es tímido, se resiste, no le gustan las cámaras. Está frente al patio de su cafetería. Se sienta en una de las tres mesas instaladas afuera, cada una de ellas bajo una sombrilla, como si el calor fuera insoportable. A pesar que el día está nublado, no siente frío. Su cafetería también ofrece postres helados, y los estudiantes siguen comprándolos a pesar de la sensación de garúa en el ambiente.
Se siente orgulloso de haber ganado la licitación hace meses, y las proyecciones a corto plazo se están cumpliendo. Sin embargo su nivel de preocupación es tal que no deja de prestar atención a cada detalle con el objetivo de brindar la mejor experiencia a sus consumidores. A pesar de ser un ingeniero industrial de formación, nunca había preparado un postre. Lo mismo que su esposa, una contadora con años de experiencia en finanzas. Ambos empezaron el emprendimiento.
Es tan perfeccionista que, desde que inició, contrató a dos especialistas en marketing para la producción y creación de la imagen de la cafetería. Además colaboró con un arquitecto, que reconstruyó digitalmente el espacio del local en 3D, permitiendo planificar meticulosamente cada elemento a través del programa, desde los insumos hasta la disposición de cada silla y mesa en la cafetería. «Todo estaba calculado, es el poder de la publicidad», comenta mientras ríe cómodamente en una silla. El enfoque innato de un ingeniero industrial nunca lo abandonó.
Pero desde que comenzó a notar que los estudiantes se sentían atraídos por el café, Juan Rojas se ha convertido en un verdadero científico del café. Empezó con solo dos empleados, y ahora cuenta con ocho, entre ellos, un bartender, Ernesto Cavero, el empleado más alto, y de manos más hábiles de la cafetería.
Durante estos meses, están pensando, cada cierto tiempo, en agregar un café nuevo a la lista, con nombres propios, distintivos diseñados para quedar grabados en la memoria de los estudiantes. Para Juan, los productos son su mejor forma de publicidad, una creencia arraigada en su mente. Sin embargo, se niega a considerar que su objetivo sea copiar a Starbucks, la franquicia de café más conocida en todo el mundo.
Capuchino, mocaccino, latte, americano, son solo algunos de los cafés que han estado sirviendo desde hace un mes, y la respuesta no podría ser mejor. Los clientes aprecian la variedad, y Juan Rojas siente que su cafetería tiene aún más que ofrecer. Por esta razón, ha introducido su primer café especial, que se ha convertido en la joya de la corona de la carta de la cafetería: QuimiCafé Especial.
QuimiCafé Especial, su mayor obra, por el momento, es el primer producto propio bautizado con el nombre de la cafetería. Una exquisita creación que combina el delicioso sabor del mocaccino, con café, chocolate, espuma de leche, chantilly, y un tentador barquillo de obsesión por lo irresistible. Esta adición innovadora al menú fue implementada hace tan solo cinco días, y la respuesta del público ha sido más que positiva. Y de la que se espera sea el primer paso para seguir en su aventura.

Pero ahora, Juan Rojas junto a su equipo deben seguir atendiendo; han pasado dos horas, son la una de la tarde, y todos los empleados saben que es hora de ponerse en marcha. Un batallón de estudiantes se agolpa en la cafetería después de no poder obtener un ticket para el comedor. Además de los deliciosos postres, hoy se ofrece un menú especial: arroz con pollo. Juan Rojas entiende que cada detalle representa una oportunidad para impulsar las ventas de su cafetería, dulcería y menú, y está decidido a aprovecharla al máximo.


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